quinta-feira, 7 de janeiro de 2016

La falacia de la revolución sexual femenina



Existen numerosos daños que ha producido en la sociedad actual el capitalismo salvaje, y uno de ellos, del que poco o nada se habla, es la erotización extrema que muchos tratan de vendernos en forma de “Liberación Sexual”. Esta erotización extrema a la que nos someten cada día no es más que otra forma de esclavitud que nada tiene de libertaria, pues degrada y cosifica, especialmente a las mujeres. Por un lado, convirtiendo sus cuerpos en una cárcel de auto exigencia por los cánones de belleza impuestos, y por otro, reduciéndolas y representándolas como simple mercancía. Una esclavitud consumista que continúa cosificando y promoviendo la desigualdad de género y el tráfico de seres humanos, y cuyas víctimas directas son sobre todo mujeres y niños.

En un pasado no tan lejano la mujer estaba reprimida social y sexualmente, ahora se la expone en el otro extremo, como un objeto sexual, pero no desde el respeto y la libertad, sino desde una visión exclusivamente masculina que sigue siendo “inferior”, “degradante” y “desigual”.

No nos engañemos, la mujer de hoy sigue siendo mostrada desde una perspectiva misógina y androcéntrica, como algo que está ahí para complacer, no como un ser digno de respeto. Lo que supuestamente iba a liberarnos resulta que ha perpetuado y reforzado comportamientos sexistas, machistas y patriarcales. Esta falsa liberación femenina les ha servido a los hombres de excusa perfecta para seguir denigrándonos, mercadeando con nuestros cuerpos, controlando nuestra sexualidad,  y marcándonos cómo debemos ser y comportarnos con diversos patrones, ideales, actitudes y estándares de belleza. Nos han querido vender que el quitarnos la ropa y exhibirnos como mercancía nos iba a hacer más libres, pero no es así.

Pero no sólo afecta a las mujeres, el filósofo Pascal Bruckner insiste en el tremendo desgaste que este desenfreno ha provocado en las relaciones de pareja actuales (Le Nouvel Observateur: Artículo “La tragedia de las relaciones de pareja actuales”, Libro “El nuevo desorden amoroso”, Pascal Bruckner), una de las consecuencias de pasar de la represión total, a una sociedad cada vez más egoísta e individualista, con menos valores, carente de empatía, donde todo vale,  y donde lo primero es la satisfacción personal inmediata sin importar las consecuencias.

Y esto ocurre porque tan mala es la represión, como la ausencia total de reglas, valores y respeto. Ahora más que nunca estamos sufriendo los efectos negativos de haber sexualizado hasta el extremo la cultura y los medios de comunicación, especialmente el cine y la publicidad, que son medios con una gran influencia. Estamos comenzando a vislumbrar las consecuencias negativas de la excesiva exposición a la pornografía y lo ridículamente fácil que es tener acceso a ella para los niños. Y otro de esos efectos colaterales, es la banalización de la prostitución y la vista gorda que se hace con la esclavitud sexual que la prostitución lleva siempre de la mano.

Y todo esto, sin una mínima educación sexual, imperiosamente necesaria.

Con esta erotización extrema tiene que ver también el aumento vertiginoso de la adicción al sexo, de vivir la sexualidad con compulsión, ya sea en la vida real, a través de una pantalla, o las dos, y que no sólo afecta a los propios adictos sino que destruye a sus familias y parejas, según afirman los psicólogos.

Esta adicción se refleja en la incapacidad de vivir sin estos contenidos, anteponiéndolos incluso a familia y pareja, en una dependencia total a materiales sexistas y/o pornográficos ya sea a través de Internet, televisión, revistas, etc… Material que promueve la cosificación de las personas, una sexualidad irresponsable, que degrada y violenta, y que además produce una infravaloración de la fidelidad y del respeto hacia la pareja, y sobre todo hacia las mujeres. Y no nos confundamos, no hay nada de malo en ser promiscuo mientras no se dañe a otras personas, se puede llevar una sexualidad promiscua sin ser infiel ni dañar y engañar a nadie, de lo que aquí se habla, es de una cultura que promueve una forma depredadora de vivir la sexualidad, del no respeto a la integridad, la dignidad y los derechos de la otra persona, especialmente si esa persona es una mujer.

Todo esto ha llevado a un aumento de conflictividad en la convivencia, por no decir, que se ha convertido en una de las primeras causas de divorcios y rupturas según abogados matrimonialistas, sólo por detrás de la infidelidad física. 

En occidente nos estamos acercando peligrosamente a los daños colaterales  generados por la pornificación y la estereotipación del sexo que lleva décadas sufriendo  Japón, donde los hombres prefieren ver porno, irse de putas o a masturbarse en una cabina de sex shop para no ser pillados, antes que hacerle el amor a sus mujeres porque ya sólo son capaces de excitarse con el estereotipo de mujer que venden el porno y los medios dominantes. Esto se ha llegado a convertir en un problema nacional, y afecta tanto a la salud mental como a la sexual de la población, e incluso a la natalidad.

Pero no hace falta irse a Japón, porque esto ya esta ocurriendo en Europa y EEUU, las consultas de los psicólogos están llenas de personas con estos problemas que no hacen más que corroborar los datos de los abogados matrimonialistas de todo el mundo.

Al margen de los conflictos conyugales, frecuentemente esta adicción desemboca también en el abandono o deterioro de otras responsabilidades como los hijos, trabajo, estudios, en adicción a la prostitución, masturbación compulsiva con material sexista (ojo recalcamos que la masturbación de por sí no es mala, hablamos de compulsión y dependencia de estos materiales), aumento de enfermedades de transmisión sexual, incapacidad para controlar los impulsos, y un largo etc.

Además del bombardeo de la hiper sexualización mediática y la pornografía, se suma la erotización de la infancia y la adolescencia que se da en ambas, otra de las causas del aumento exponencial en los últimos tiempos tanto de la pederastia, como de los abusos sexuales que se están dando entre los mismos menores debido a una tempranísima exposición de los niños a la pornografía y a la violencia sexual en los medios.

Los pederastas no nacen, no vienen de otro planeta: se hacen. Son producto de una sociedad machista y cada vez más enferma que legitima el abuso hacia los más débiles: mujeres y niños.

La prueba de ello la tenemos diariamente en las noticias, que cada vez son más y no hacen distinciones culturales ni de clases. Los pederastas no sólo son curas célibes reprimidos sexualmente, también son profesores, informáticos, abogados, médicos, conserjes, funcionarios, barrenderos, parados, el vecino del 5º, a veces son papá, el abuelo, un tío, el novio de mamá. El 80% de los abusos sexuales son cometidos por personas del entorno familiar o cercano de la víctima, en su mayoría hombres. Y al menos la mitad o más de todos ellos, han llegado ahí, no por una represión de su sexualiadad, sino por todo lo contrario, por una hiper estimulación desde la infancia, una hiper erotización mediática y social, y por una cultura machista que la promueve, naturaliza y refuerza… Resumiendo, se unen dos factores, la compulsión y falta de autocontrol que promueve la hiper erotización mediática, y la naturalización social y cultural de la violencia machista y sexual contra mujeres y niños.

Abusos a menores. 
“Solo esta vez más, te lo prometo”

En los casos de abusos sexuales a menores la represión sexual es sólo un factor de riesgo, no el único. Como lo es, en algunos casos, el haber sido víctima de abusos siendo niño (el abusado se convierte en abusador como en el caso “Kárate” de Gran Canaria), entre otros sucesos traumáticos en la infancia que pueden derivar en pedofilia y pederastia.
Pero existe un factor muy importante del que poco se habla, que además de ser un factor en sí mismo, puede desencadenar todos los anteriores o ser parte de un mismo problema, y es el bombardeo continuo y el exceso de exposición a material sexualmente explícito que emiten los medios a toda hora, incluso en horario infantil protegido, y siendo Internet el peor de todos ellos por lo fácil que es acceder a contenidos ilícitos e inapropiados para menores, y por ser un barrio sin ley ni regulación de ningún tipo.
“Otra forma de engendrar pederastas es propiciar la adicción sexual”. Eso mismo es lo que hacen los medios, como la mayoría de los periódicos que promueven la prostitución y fomentan la adicción y que se siga viendo a las mujeres como agujeros al servicio del placer masculino. Dentro de la adicción al sexo, la pederastia vendría a ser lo que la heroína a las drogas, el último escalón de la pirámide adictiva, junto a los abusos sexuales y otras desviaciones.
En muchos casos el adicto abusa del más débil, del que es más fácil de manipular, y quién más débil y desprotegido física y emocionalmente que un niño. 

En 2010 más de 300 personas han sido detenidas en España por cometer delitos de pornografía infantil. Un tipo de delito que “va en aumento a nivel internacional año tras año”. Así lo denuncia ‘Protegeles. com’, el principal portal español para denunciar este tipo de actos. También en 2010 y sólo la Consejería para la Igualdad y el Bienestar Social de Andalucía detectó 700 casos de abusos a menores. Nos podemos hacer una idea del total anual haciendo una media de todas las provincias. Muchos aspectos resultan increíbles cuando uno se asoma a este fenómeno mucho más extendido de lo que la sociedad puede o quiere creer.

Queda reflejado en numerosos índices de criminalidad de la policía y otros organismos oficiales que este tipo de delitos ha aumentado en los países donde el sexismo,  la prostitución y la pornografía están totalmente normalizados e integrados en la sociedad. La simple normalización, la publicidad y accesibilidad que se les da, hace que aumente la demanda. La normalización de la violencia sexual y la erotización de esa violencia en los medios enseña a las personas a excitarse con ella, a fantasear con ella, y en un gran número de casos, lleva a insensibilizarse y a querer ejercerla. Ej.: Alemania y Holanda son los principales exportadores de pederastas del mundo, donde lejos de reducirse ha aumentado exponencialmente el tráfico de esclavas sexuales, donde además, “cada vez se demandan mujeres más jóvenes, e incluso niño/as”. ( *Datos sobre el aumento de la pederastia y la trata de esclavas y niño/as sacados del libro de la periodista Lydia Cacho,Esclavas del Poder, con referencias de Human Rights International).

Pascal denuncia también el aumento progresivo de trastornos psicológicos y sexuales en ambos sexos. Problemas no sólo de adicción y compulsión, sino en ocasiones de todo lo contrario, de falta de deseo sexual porque la pareja no cumple con las expectativas físicas o de resistencia impuestas por la sociedad y los medios. No hay más que ver el número cada vez mayor de trastornos psicológicos relacionados con el físico (anorexia, bulimia, vigorexia, tanorexia, trastornos alimentarios, depresión, adicción a la cirugía…). Todo esto directamente relacionado con los modelos impuestos por la publicidad cosificadora, la publicidad sexista que promueve y normaliza la violencia de todo tipo donde la mujer siempre se lleva la peor parte, y que ahora se ha autodenominado “publicidad pornochic”, muy de moda en nuestros días.

Por qué será que muy poco se habla de que en esos mismos países de donde copiamos nuestro “Destape Español”, momento que llegó justo después del franquismo y que trajo un tipo de cine y publicidad absolutamente comercial, extremadamente machistas y retrógrados, hace tiempo que se han retractado de todas esas reminiscencias, y por los efectos nocivos vividos mucho antes que en España, saben que todos estos residuos del Patriarcado; la prostitución,  el 99% de la pornografía, la publicidad machista, etc.–lejos de ser algo positivo- degradan la imagen de la mujer convirtiéndola en “una cosa” totalmente deshumanizada, y manteniendola en un plano inferior y sumiso. 
Todo esto no hace más que aumentar la desigualdad y la violencia, porque refuerza y normaliza dichos comportamientos en el imaginario colectivo. Tanto es así, que hoy día en Suecia, de donde España copió su Pornochachada, y cuya excusa utilizan siempre los defensores de la misma para mantenerla, hace mucho que se aplican fuertes políticas de igualdad, y la prostitución lejos de ser considerado un acto de libertad lo es de esclavitud y está penada por la ley desde 1999, se castiga al cliente con cárcel y cuantiosas multas. Además de esto, se prohíbe también  la pornografía y la prostitución en medios y prensa locales que están al alcance también de niños y adolescentes quienes no tienen formada aún su personalidad y no deberían acceder a este tipo de contenido.

Lo que en España, como si siguiéramos anclados en los 60, se ve aún como un acto de modernidad y libertad (comerciar con personas y sexo), en muchos de los países de los que imitamos lo que empezó como nuestro particular “destape”, se ve desde hace mucho como un arcaísmo, como un atentado contra los Derechos Humanos, pero sobre todo, contra los derechos de la mujer. La Prostitución y su publicidad, la Pornografía (del griego πορνογραφíα: porne es “prostituta” y grafía, “descripción”, es decir, “descripción de una prostituta”), así como el machismo y el sexismo que invade aún todos los medios de comunicación, han demostrado ser causa del mantenimiento y promoción de una de las más abismales desigualdades entre hombres y mujeres, un cáncer y un fracaso social que poco tiene de libre, pues es causa directa de que se siga perpetuando la esclavitud en el S.XXI. La situación se ha ido tanto de las manos en nuestro país que nos hemos convertido en un referente mundial, como se dijo recientemente en un artículo del Diario The Independent de Reino Unido, titulado: “España, La Capital Mundial de la Prostitución”

Estas conclusiones aunque lo parezcan no son ni mucho menos exageradas,  están sacadas de diversas encuestas anónimas nacionales e internacionales sobre consumo de prostitución, unas realizadas por el Ministerio de Sanidad español, otras por la ONU y otras por diferentes organismos y ONG´s de defensa de los derechos del niño y de la mujer prostituida en régimen de esclavitud. Los resultados arrojan datos tan alarmantes como que el 39% de los hombres españoles encuestados admitieron haber utilizado alguna vez o utilizar a menudo los servicios de prostitutas, siendo la mayoría de éstas víctimas de la trata, y convirtiéndose en una de las cifras de consumo de prostitución más altas de Europa, cuya máxima no superaba el 20%.

ONU: “El 90% de las mujeres que ejercen la prostitución en España es víctima de la esclavitud del siglo XXI, de la trata de mujeres, de redes y de proxenetas”, además “España es el primer país europeo de tránsito y destino de mujeres con fines de explotación sexual” según datos de las Naciones Unidas.

Para concienciar a la sociedad sobre este problema se tiene que educar,  “los grandes delitos de esta índole pasan porque a la sociedad no se le educa en el respeto y la igualdad”. Sólo en 2009 el Ministerio del Interior español identificó 17 grandes mafias internacionales en España que se dedican a introducir y traficar ilegalmente personas con fines de “prostitución forzada”. Pero eso no parece importar ni frenar a los clientes.

La prostitución supone un atentado contra los Derechos Humanos. No es una expresión de libertad sexual sino de violencia, marginación, problemas económicos, culturales, patriarcales y sexistas. Y en casi un 90% de los casos se llega a ella por la fuerza o la necesidad.

En manos del gobierno y de la sociedad está acabar con estas lacras, el primero educando, legislando y protegiendo con la ley; la otra parte, no consumiendo y alzando la voz para visibilizar las injusticias y las desigualdades. El objetivo común: acabar de una vez con la esclavitud en este S.XXI,  con las conductas machistas y patriarcales y su publicidad, que contribuyen a perpetuar las desigualdades, los abusos y los asesinatos de género.

“Nada más abrumador que la responsabilidad que nos encadena 
a las consecuencias de nuestros actos. 
Ha llegado ya el momento de no confundir la libertad 
con el capricho”.



Pascal Bruckner


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